Un cuerpo desnudo tumbado encima de la camilla, un cuerpo bello, como no podía ser de otra forma… una toalla apenas tapaba la parte más íntima… todo estaba preparado…

Las manos empezaron a recorrer con firmeza y delicadeza la piel empapada en un aceite perfumado, pintando los valles y colinas de la geografía humana de un dorado otoñal.

Empezaba un viaje, las manos acariciaban con seguridad, cada rincón de tan basto territorio, tal ve pequeño, tan pequeño como una hombre en la inmensidad del océano de un mar de emociones y sensaciones, llegando a lugares donde nunca antes estuvo y tal vez vuelva a estar.

Un masaje que te hace viajar desde tu piel hasta la infinidad de tu alma.

De las manos al alma.

¿Quieres viajar conmigo?